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La
policía uniformada por lo general lleva consigo cachiporras
o bastones para protegerse contra la violencia. En Inglaterra, Escocia
y Gales las armas de fuego sólo pueden asignarse a policías
especialmente entrenados, conocidos como 'policías autorizados
para portar armas', quienes sólo pueden ser autorizados por
un superior. Esta autorización se entrega si un policía
trabaja en un área en que podría enfrentar a un delincuente
armado o cuando se le asigna la protección de una persona
amenazada. Estos policías sólo pueden disparar su
arma como último recurso, o si creen que su vida o la de
terceros está en peligro.
Cada oficial autorizado es personalmente responsable
de tomar la decisión de disparar, y se le puede pedir justificar
esta acción frente a los tribunales. La mayoría de
la fuerza pública en Inglaterra y Gales opera con un sistema
de vehículos de atención inmediata (patrullas que
llevan armas de fuego guardadas en un compartimento especial bajo
llave) destinado a prestar un apoyo inicial inmediato en caso de
un incidente con armas de fuego.
En Irlanda del Norte, los policías portan
armas de fuego para su protección personal.
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