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Desde los tiempos de la Edad Media, los comerciantes que operan
como proveedores de bienes y servicios al Soberano han recibido
el honor del reconocimiento oficial. Al principio, este patrocinio
adoptó la forma de cartas reales conferidas colectivamente
a varios gremios comerciales; posteriormente esta relación
entre la Corona y los comerciantes individuales se formalizó
con la cesión de garantías reales.
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